Oficialismo y oposición: la historia detrás del acuerdo que se frustró

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A juzgar por las declaraciones recientes de Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Elisa Carrió y Patricia Bullrich -algunos de los dirigentes más representativos de la oposición-, la posibilidad de un acuerdo post electoral que Sergio Massa tiró primero sobre la mesa y Alberto Fernández avaló después, a través de las redes sociales, asoma en estas horas como una quimera de la que nadie se anima a hacerse cargo en medio de la campaña.

“No ha habido ninguna convocatoria, no vemos actitud de diálogo”, respondió este martes Rodríguez Larreta a la convocatoria lanzada el fin de semana, casualmente, por su viejo amigo Massa. Se sumó de esta manera a los dichos de Vidal y a las respuestas mucho más enérgicas de Carrió o Bullrich, que rechazaron de cuajo cualquier tipo de pacto con la Casa Rosada.

Rodríguez Larreta había escuchado en los últimos días en Mendoza, en la breve gira que también lo llevó por San Luis y San Juan, la explicación que le dio un sector de la UCR para declinar la invitación del Gobierno. “El peronismo no nos ayudó en el 2001, más bien todo lo contrario”, fue el mensaje que escuchó el jefe de Gobierno en una mesa con altos dirigentes del radicalismo en su paso por esa provincia, según reconstruyó este diario de fuentes presenciales.

Para el oficialismo, el rechazo de Rodríguez Larreta, un dirigente que siempre cultivó la moderación, que incluso cosechó alguna vinculación con un sector de la conducción de La Cámpora pero que en los últimos meses endureció sus posturas por consejo de sus estrategas -impulsados por el estudio del humor social-, es toda una señal. 

Ahora, las relaciones entre el Gobierno y Juntos por el Cambio transitan casi exclusivamente por el Congreso. Y no mucho más. 

“Son ellos los que tienen que poner los temas sobre la mesa, después veremos”, aseguró a este diario un integrante de la cúpula del PRO que trabaja a tiempo completo para las elecciones del mes próximo.

En rigor, la campaña, y las denuncias cruzadas, colaboran activamente en freezar las relaciones entre ambos bandos. 

La semana pasada, el grupo de empresarios que almorzó en Casa Rosada con el Presidente, Juan Manzur, Massa y Eduardo “Wado” de Pedro, transmitió de manera insistente la preocupación del establishment en torno al acuerdo con el FMI y un eventual apoyo parlamentario de la oposición.

“Por ahora no hay nada”, respondieron los funcionarios. 

En Balcarce 50, los teléfonos están cortados. El diálogo que Fernández -deslucido en su liderazgo- y un puñado de dirigentes opositores, entre ellos Rodríguez Larreta, habían construido para la administración de la pandemia, se terminó. No sobran ejemplos.

El caso de Julio Vitobello y Diego Santilli, que se habían vuelto a reencontrar por la gestión sanitaria y política del COVID, también se enfrió. El recorte en la coparticipación que la Casa Rosada le había propinado el año pasado al Gobierno porteño ya había herido de muerte esas vinculaciones.

“Horacio no le creyó más a Alberto”, resaltan colaboradores del jefe de Gobierno que, sin embargo, todavía mantiene una alianza tácita con el PJ porteño en intereses claves vinculados a la Justicia y a otros rubros que sorprenderían a cualquier votante.

La amistad de Massa con el jefe de Gobierno transita por otros carriles. Trascienden pocos detalles, pero incluye encuentros, contactos fluidos y confesiones mutuas. Acordaron, según confían, un pacto implícito para tratar de contaminar lo menos posible la relación. 

En ese sentido, las conversaciones entre el oficialismo y la oposición se limitaron en estos tiempos estrictamente a la agenda del Congreso. También al Consejo de la Magistratura, el ámbito en el que interviene el camporismo judicial, el larretismo y otro actor relevante de JXC: el gobernador Gerardo Morales. Las negociaciones alrededor de las vacantes para los tribunales de Comodoro Py quedaron, sin embargo, frenadas por las elecciones. 

En las últimas semanas, el diálogo parlamentario entre referentes del gobierno y de JXC tuvo chispazos. Algunos más sonoros que otros.

A Máximo Kirchner, por ejemplo, lo fastidiaron los dichos públicos de Vidal de avanzar por la presidencia de Diputados después de las elecciones, si es que el resultado lo amerita.

Así se mostró el jefe del bloque del oficialismo en la reunión que mantuvo, tras el fracaso de la sesión convocada por la ley de etiquetado frontal, con Cristian Ritondo, Mario Negri, Juan Manuel López y Omar de Marchi. Lo repitió no una vez, si no en reiteradas oportunidades, visiblemente ofuscado. 

Escuchaban además Massa y Axel Kicillof, que desde la derrota de las PASO está mucho más cabizbajo que de costumbre por las constantes tensiones con el jefe de La Cámpora. 

Fue Ritondo, aseguran, el que intentó explicarle a Kirchner que la frase de Vidal, inconsulta con sus socios de la coalición y con el equipo de campaña porteño, se justificaba por el afán de tratar de conseguir más votos del electorado duro en noviembre.

A Kirchner no lo convenció. Al menos, por el malhumor que exhibió. Es que el jefe del bloque K en la Cámara baja y la ex gobernadora habían hablado en más de una oportunidad, un diálogo menos frecuente de lo que en algún momento se pretendió instalar, pero sincero, que se cortó mucho antes de que empiece la campaña. 

El hijo de Cristina Kirchner incluso le había mandado a decir a la ex gobernadora que él mismo se había ocupado de enrostrarle a Kicillof, en junio pasado, lo inconveniente de su frase vinculada al supuesto “reparto de sobres” a periodistas durante la gestión provincial de Cambiemos. 

En el 2019, el líder camporista y De Pedro se habían sentado por primera vez en el quincho del country de Tigre de Massa junto a Rodríguez Larreta y Vidal para tratar de empezar a propiciar un diálogo cruzado que, hace meses, entró, como casi toda la política, en la lógica de la grieta. 

Lo novedoso, sin embargo, es la participación en esos encuentros parlamentarios de la Coalición Cívica a través de Juan Manuel López, el jefe del bloque que responde sin escalas a Carrió. Impensado después de más de una década sin diálogo con el kirchnerismo. Se justifica, dicen, por la “crisis de gobernabilidad”. 

López habló más de una vez con De Pedro: fue en el marco de la discusión por la postergación de las elecciones y por el recuento provisorio del escrutinio que depende del Ministerio del Interior. Y algo más. 

Es, en rigor, el ministro al que el kirchnerismo promociona, dentro de La Cámpora, como el más dialoguista y de mejor aceptación por el círculo rojo. Propició buena parte de los encuentros empresarios del último tiempo: hace dos semanas fue en la casa de Jorge Brito. 

En la oposición, de todos modos, no están dispuestos a ir a una convocatoria oficial en el marco de una campaña que si tiene el visto bueno de Cristina Kirchner nadie lo sabe a ciencia cierta. Sería, remarcan desde los sectores duros, un mazazo para el electorado extremo que detesta al Frente de Todos: “No nos lo perdonarían”. Lo entendieron desde Bullrich a Rodríguez Larreta. 

Es una incógnita, frente a ese panorama, la respuesta de Juntos por el Cambio ante un eventual acuerdo con el Fondo Monetario del que aún se sabe poco y nada y que hasta en la plaza del domingo fue boicoteado por el kirchnerismo más ortodoxo.

“¿Lo ves a (Mauricio) Macri pidiendo que no votemos un acuerdo razonable con el Fondo?”, se preguntó ante este diario un referente de primera línea de la oposición. Tiene lógica si se tiene en cuenta que el préstamo, el más grande de la historia del organismo, fue rubricado por el ex Presidente. 

Hace algunas semanas, en una reunión con algunos de los jefes de bloque de Juntos por el Cambio, Máximo Kirchner planteó que querían “pagarle al FMI”. Y que querían hacerlo “con la oposición”. “¿Cómo sería eso?”, le preguntaron. “Incluirlos en la estrategia”, contestó.

Suena difícil. El miércoles pasado, en el debate porteño del programa “A dos voces”, en TN, la deuda con el FMI fue uno de los temas más calientes en el cruce entre Leandro Santoro y Vidal. La ex gobernadora fue más que elocuente: “Hasta el 2023, la responsabilidad de gobernar es de este gobierno”.

Noviembre, en todo caso, será otra historia. 

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