Por qué el Papa Francisco decidió asestarle ahora su peor reto al Gobierno de Alberto, Cristina y Massa

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Bergoglio está decepcionado con el Presidente y muy preocupado por la situación social e institucional.

25/01/2023 19:16

Clarín.com Política Actualizado al 25/01/2023 19:16

Sin vueltas, las fuertes afirmaciones del Papa sobre la situación económica del país son un síntoma de su gran preocupación por la Argentina y su enorme decepción con el presidente Alberto Fernández, a quien no parece verlo en este momento como parte de la solución, sino del problema, enfrascado -al más puro estilo chavista- en una embestida contra la Corte Suprema -condenada al fracaso por la falta de los votos necesarios en el Congreso para destituir a sus miembros- por el solo hecho de agradar a su mentora, Cristina Fernández.

Podrá decirse que Francisco se refiere a la altísima inflación y pobreza que -como él mismo dice- los argentinos padecen hace unas cuantas décadas e involucran a gobiernos militares, peronistas y radicales, no solo al actual gobierno. Un argumento al que bien podría haber apelado la vocera presidencial, Gabriel Cerruti, para diluir las responsabilidades de la administración a la que pertenece, en vez de echarle toda la culpa a la gestión de Mauricio Macri. Pero es sintomático que el Papa lo haya dicho ahora.

En las cercanías de Francisco se afirma que el vínculo del Papa con Alberto Fernández es actualmente peor al que tenía con Mauricio Macri. Explican que con el ex presidente de Cambiemos nunca hubo una relación personal intensa. Más allá del disímil perfil de cada uno de los personajes, fue gravitante una ingratitud que el cardenal Jorge Bergoglio le atribuye al entonces jefe de Gobierno porteño. Como pontífice, siempre culpó por la gélida relación a colaboradores muy estrechos de Macri que “me hacían campaña en contra”.

En cambio, con el actual presidente sí se había construido una relación de mayor cercanía, lo cual -afirman en el Vaticano- no quiere decir -como algunos sugieren- que Francisco lo haya promovido como candidato a presidente. A diferencia de Macri -que por sugerencia de su jefe de Gabinete, Marcos Peña, guardó distancia del Papa-, Alberto ya antes de ser candidato buscó tender puentes y llegó a pedirle al pontífice que abogara por la libertad de Lula Da Silva, por entonces encarcelado en su país por corrupción.

Con su llegada a la presidencia, Alberto se apresuró a ir a ver al Papa, ocasión en la que le pidió ayuda para su gestión, en particular con la refinanciación de la deuda con el FMI, dado que Francisco tiene una buena relación con su directora, Kristalina Georgieva (y con el actual presidente de los Estados Unidos, Joe Biden). El pontífice promovió encuentros del entonces ministro de Economía, Martín Guzmán, con Georgieva y tuvo gestos de apoyo hacia el joven economista.

Presidente indiscreto Pero el vínculo entre Francisco y Alberto comenzó a complicarse cuando el presidente empezó a decir públicamente que estaba en permanente contacto con el Papa, de quien recibía sabios consejos. Si algo detesta Jorge Bergoglio es que se haga un uso político de sus relaciones. A ello se sumó el perfil confortativo que asumió el presidente tras recortarle fondos coparticipables a Horacio Rodriguez Larreta, en detrimento de la búsqueda de consensos que propicia la Iglesia.

Para colmo, el cristinismo comenzó a sabotear a Guzmán y su renegociación de la deuda externa, y no paró hasta verlo eyectado del cargo, afectando las propias gestiones de Francisco. Pero la gota que colmó el vaso fue la decisión de Alberto de impulsar con fuerza la legalización del aborto en el peor momento de la pandemia. No solo el presidente afectaba una premisa cara al cristianismo, sino que dañaba al Papa ante su frente conservador.

Tampoco contribuyó a mejorar el vínculo que Alberto haya nombrado a Sergio Massa ministro de Economía, más allá de las circunstancias y la voluntad de Cristina. Francisco siempre le atribuyó a Massa haber participado cuando era jefe de Gabinete de una operación para eyectarlo del arzobispado de Buenos Aires. Curiosamente (o no tanto) en su declaración el Papa responsabiliza a “mala administración” y “malas políticas” por la inflación y la pobreza.

Pero la radicalización a la que se encamina el gobierno con la embestida a la Corte Suprema y, en fin, un discurso muy belicoso en un año electoral profundizaron la preocupación del Papa. A modo de anticipo, los obispos argentinos -poco afectos a los pronunciamientos con voltaje político- habían pedido en diciembre evitar todo lo que “ponga en riesgo la institucionalidad” y “respetar al máximo la Constitución”.