El caso Wanda Nara y Mauro Icardi: la infidelidad, consulta infaltable en las terapias de parejas

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Las separaciones son algo muy común. Pero, cuando involucran a gente famosa –como ahora a Wanda Nara y Mauro Icardi–, toman estado público. La saña, como siempre, suele recaer sobre las mujeres.

Las redes sociales amplifican y “democratizan” el chimento, antes monopolizado por la televisión. La observación con lupa de los movimientos en Instagram de las (ex) parejas y otros implicados generan likes y curiosidad.

Más allá de los casos particulares, las “infidelidades” (un término problematizado por los especialistas) son un motivo de consulta muy común. ¿Dónde termina un coqueteo inocente y empieza una traición? ¿Cómo se supera un engaño? ¿Es difícil perdonar? ¿De qué depende?

Tres psicólogos hablaron con Clarín sobre estas y otras cuestiones, a partir de su experiencia profesional.

Desencuentros amorosos en pandemia. Foto: Shutterstock.

Una palabra, muchos significantes Juan Eduardo Tesone es médico de la Universidad de Buenos Aires, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), doctor en Psicología de la Universidad de París-Nanterre y autor del libro En las huellas del nombre propio.

El experto señala que hay tantos vínculos como parejas existen. En otras palabras: las relaciones son únicas en su contexto y su forma, y se moldean a través de contratos conscientes e inconscientes.

En ese sentido, experiencias similares no siempre son percibidas de igual manera. “Hay parejas para las cuales la monogamia es primordial y forma parte del acuerdo mutuo. Pero hay parejas abiertas, donde los encuentros con otras personas no son entendidos como una infidelidad, sino como algo posible que no compromete al vínculo”, explica Tesone.

¿Cuáles pueden ser las causas de las infidelidades en relaciones monogámicas? “La consecuencia de un vínculo que se ha desgastado, producto del desenamoramiento; la expresión de una crisis pasajera individual; o una actitud compulsiva que se repite regularmente”.

Para los expertos, la monogamia no es un estado natural sino una construcción cultural y de época. Foto Shutterstock.

El doctor reflexiona que la monogamia no es un estado “natural”, sino una construcción cultural y de época, además de un “compromiso compartido”. ¿Es remontable una relación cerrada tras un engaño? “Si el acuerdo era monogámico y la herida queda abierta, se verá con el tiempo”, contesta.

Y suma: “En estos casos, no solo se juega el amor entre las partes de la pareja, sino también el valor narcisístico. La persona oscila entre la fidelidad hacia el otro y la fidelidad a sí misma. Dichos movimientos internos no siempre coinciden”.

El amor durante el amor La licenciada y miembro titular de APA Any Krieger concuerda con que hay que hablar de infidelidades en plural. Las circunstancias, el momento de la vida, la presencia de un duelo (entre otros) son elementos que hacen a la cuestión.

De sus años de atención, extrajo que no se puede generalizar. Trató a quienes buscan a un tercero porque pierden la atracción dentro de su relación monogámica. También observó, sobre todo en el caso de los hombres, que la infidelidad parte de una búsqueda de “recomposición de virilidad” y aumento de la autoestima.

Cuando la atracción o el amor entran en una meseta -por variados motivos-, muchos buscan concretar su deseo erótico por fuera de la pareja. Foto Archivo

Las reacciones ante el descubrimiento de una infidelidad son siempre disímiles. En el hospital donde trabaja, encontró a una mujer cuyo marido le develó que hace diez años mantiene relaciones con otra: ella lo aceptó, siguen juntos y la amante sigue presente en la vida del esposo.

Conoció, a la vez, el caso opuesto: cuando una de las partes, “en tono de venganza, salió a la caza de nuevas experiencias sexuales para reconstruir su narcisismo”. Como Tesone, plantea que “el dolor por la infidelidad es, además, el dolor por el golpe al amor propio”.

El deseo juega un rol fundamental en los desencuentros y el inicio de vínculos paralelos. “Un lugar común se da cuando, de forma inconsciente, la mujer se transforma en una ‘madre’ dentro de la pareja, lo cual genera una situación ‘incestuosa’ (desde el punto de vista psicoanalítico) y hace caer el deseo”, añade. Las variantes son muchas.

Una investigación realizada este año por la Universidad de Michigan a 400 personas de ambos sexos reveló que el significado de “infidelidad” no es unívoco. Foto ilustración.

La licenciada recuerda haber atendido a hombres que, tras el nacimiento de su hijo o hija, sentían que debían “compartir el amor con un intruso”. Es decir, que “generaban un rival a nivel inconsciente” y, por ese motivo, decidían concretar el erotismo por fuera de la pareja.

Asimismo, se cruzó con muchas mujeres que, en determinados momentos de la maternidad (por ejemplo, cuando terminan de amamantar) encuentran muy difícil el ejercicio de su sexualidad dentro del matrimonio o noviazgo.

La integrante de APA y autora de Sexo a la carta (Editorial Lumen) relata que incluso “hay personas que necesitan que su pareja sea deseada por un otro para reenamorarse”.

Es posible volver a enamorarse después de un engaño. Foto: Shutterstock.

Respecto a las consecuencias de cuando la infidelidad sale a la luz, sugiere algo interesante: “He visto que el perdón después de un engaño actúa como una renovación del pacto”. ¿Qué quiere decir esto? Que la infidelidad, en algunos casos, estimula un nuevo arreglo en la pareja y le da una segunda chance.

“La infidelidad en la era de la informática” Así tituló Jorge Drexler una de las canciones de su disco “12 segundos de oscuridad”. La letra, transparente, pinta de lleno algunos problemas de los tiempos que corren: “Aquel mensaje que no debió haber leído, aquel botón que no debió haber pulsado, aquel consejo torpemente desoído, aquel espacio, era un espacio privado”.

¿Cuáles son los “límites” de la fidelidad en la era de la informática? ¿Y qué pasa cuando alguien de la pareja accede a las conversaciones personales del otro?

Gabriel Cartañá, psicólogo, columnista y autor de ¿Qué digo cuando te digo “te amo”? (Editorial Hojas del sur), arriesga algunas hipótesis. Primero, hace una aclaración: no cree que existan distintos tipos de infidelidades.

La infidelidad, para él, siempre implica la ruptura de un pacto preestablecido (como puede ser la monogamia). Los que cambian, entonces, son los pactos. “Hay parejas, por ejemplo, que permiten el sexteo dentro del pacto”, aclara.

El sexteo, ¿una nueva forma de traición? Foto: Shutterstock.

Antes no existían las redes sociales: la forma de concretar un vínculo con una persona ajena a la pareja era físicamente.

“Quizás existían las llamadas hot. Pero hay una gran diferencia con respecto a lo que ocurre ahora. De una llamada o de un coqueteo en el ámbito laboral no quedaba registro”, se explaya.

La tecnología brinda más posibilidad de “engaños”… pero también más chances de enterarse de los mismos.

Aquí se abre otro problema: ¿es válido mirar el celular de la otra persona, aun si las sospechas de infidelidad son ciertas? “Esto puede significar una ruptura de la intimidad. Pero si ambos acostumbran a usarse los teléfonos, no implicaría necesariamente una ruptura del pacto”, aclara Cartañá.

¿Tres son multitud? Foto ilustración.

Respecto a las o los “terceros en discordia” dentro de las relaciones monogámicas, el psicólogo es claro: si no hay amistad o relaciones de por medio -y, por lo tanto, ningún acuerdo establecido-, no hay una deuda.

“Uno se puede preguntar si es moralmente correcto o no estar con la pareja de otra persona, o cómo debería sentirse, pero ese es otro cantar”, afirma.

Por último, concluye: “En general, en los casos públicos, se habla de la mujer, porque vivimos en una cultura machista”.

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